El día que se inventó la inmortalidad, fué un dia comun. El sol salió, los ancianos salieron por su paseo matinal, los asesinos mataron igual. Un político seguía mintiendo, y un abogado defendiendo violadores. Un simple y común día en este siglo en esta era de constante cambio. Las flores seguían abriéndose al sol, como adornando este mundo un poco mas. Las personas segían sonriendo sin motivos, las personas segían llorando con motivos.
Pero el día 20 luego de ese día, fué onocido mundialmente como el comienzo del fin. El día en que la muerte fué vencida. El científico fué famoso y repudiado por religiosos ortodoxos, pero los calmaron diciendole a cada religión que este era el regalo de su/s dios/es. Resultó ser un castigo divino, no por su belleza, sino por la creencia religiosa. Así fe vencida la muerte. Los musulmanes odiaron a este hombre, porque este hombre proponía tomar las llaves del cielo y lanzarlas hacia la boca de un furioso dragón invencible. Con este brebaje, el cielo nunca sería alcanzado.
Pero las deas religiones creyeron que este era el cielo. Quienes no tenian religion, era algo muy ambicioso, que conseguirían a toda costa.
Así, la poción, medicamento, droga, o veneno (como la llamaban los musulmanes) se distribuyó gratis por el mundo. El científico/brujo/diablo lo dió gratis, porque el no buscaba lucro, el mismo declaraba que buscaba a felicidad. Curiosamente, este hombre apareció muerto, lo cual cayeron en sospecha poderosos grupos extremistas del medio oriente, lo que ocasionó una guerra estúpida, ya que eran inmortales contra suicidas.
Así, los que quedaron vivos fueron inmortales, sin contar personas aisladas de la civilización. Con el tiempo, estas personas se aburrían, extrañamente extrañaban la muerte (valga la redundancia). Necesitaban la muerte, porque se aburrían. Muchos se colgaron, atravesaron, suicidaron, en fin. Solo quien se tiraba a un volcán o algún otro fenómeno natural moría verdaderamente, porque se desintegraba en una llamarada de fuego y tierra.
Entonces, las personas hicieron su propio cielo. Cada 10 años, toda persona mayor a 80 años se podía retirar a otro espacio si su actitud buena había sido. Si esta persona había transgredido normas sagradas de su religión, basada en antiguas consesiones, y era mayor a 80 años, cada 10 años era encerrado en una prisión eterna, consumido por el dolor del hambre y la sed. Así, la era de los malditos resolvió torpemente su maldición.
Nota fuera de la narración: El inventor era un filósofo. Sabía las consecuencias de todo, por eso se suicidó luego de inventarlo, asi castigó a la humanidad con la meta mas deseada, sin saber que los inmortales existían desde antes. Sus nombres aún se conservan en la memoria de las personas. Pero eso no importa, la humanidad ya se acabó desde el mismo momento en que pudo cambiar su forma física a voluntad...
domingo, 18 de noviembre de 2007
martes, 4 de septiembre de 2007
Una mañana distinta
Esa mañana, la ciudad despertó como cada día. Las calles aún estaban sucias. Las lámparas sanas tardaron en apagarse. Algunos vehículos seguían con el motor caliente. Los puentes goteaban sobre los ríos calmos, pero en movimiento, negros como los ojos de un asesino. Las aceras tenían envoltorios de cigarrillos, chicles y escupidas. Nadie había salido a barrer. Era muy temprano, un domingo como tantos otros. Excepto para las personas, ellas recordarían este día hasta sus últimos suspiros.
Para ellas, el despertar de la ciudad fue traumático. ¿Cómo imaginar la reacción de miles de personas, al verse en el espejo, y descubrir que ya no tienen piel? No se reconocieron. Entraron en pánico, corrieron. Creyeron que algún psicótico los desolló en la noche. Se tocaban, sin entender. No tenían pelo, pero sentían su piel. Nada cambió, solo el color. Los científicos no entendían que ocurría, ya que la piel no puede ser transparente.
Hubo miles de explicaciones, pero ninguna dio en el clavo. Razones religiosas, pseudocientíficas, hasta la fecha del calendario estuvo entre las más comentadas. La primera reacción de todos fue cubrir su piel casi por completo. Era una mañana cálida en un verano soleado, pero no importó. Guantes improvisados, pasamontañas caseros, lentes de sol. Les daba miedo verse a los ojos que ya no parpadeaban.
Al salir a la calle, notaron que no era personal: gran parte de la población estaba cubierta. Algunos salieron vestidos con sus ropas normales, como un acto de rebeldía contra el sistema. Los miraban mal, con vergüenza ajena, con miedo. Eran extraños, ya sin rasgos faciales, ya sin piel de colores distintos, ya sin más diferencias que la altura y los movimientos particulares.
Lo más lógico era destaparse, pero, ¿por qué no hacerlo? Tardó años educar a las personas para que se atrevieran. Hubo muchas resistencias. Entre ellas, un mercado entero de máscaras con rasgos, de guantes con piel, de accesorios para la playa. Otras fueron encontradas en una nueva religión, que pregonaba que esto era un castigo extraterreste, y que la única forma de recuperar las vidas pasadas era ocultar su piel.
Con el tiempo, la población se destapó. Comenzó a dejar de lado los accesorios, las teorías, las ideas conservadoras. La gran masa de gente que caminaba por el centro ya no usaba máscaras, guantes, ni lentes de sol. Las personas se acostumbraron, dejaron de lado los prejuicios que tenían, y comenzaron a adoptar otros. El suceso nunca fue explicado, pero cada uno contaba su teoría, muy seguro, como si su historia personal fuera importante para el universo.
viernes, 17 de agosto de 2007
La lluvia eterna
Llueve. Llueve en la ciudad, como si nunca hubiera llovido tanto. Llueve como si el mundo se detuviera por un segundo. Las almas observan la lluvia, como buscando una respuesta. Llueve como si las nubes no recordaran por qué comenzó a llover. Muerte, odio, maldad. Guerras, represión y silencio. No se escucha nada, solo el ruido de las gotas caer sobre el mundo.
Dice el dicho que siempre que llovió, paró. Pero la lluvia, esta lluvia, es eterna. Caen gotas y más gotas. No hay castigo, ni truenos o centellas. No hay perdón, o viento congelando los huesos. Solo las millones de gotas cayendo como una cortina de seda. No se sienten ruidos, ni motores, ni disparos. Risas o llantos. Voces o gritos. Solo hay millones de espectadores, boquiabiertos, que no saben cómo reaccionar. No hay asientos en primera fila o asientos de tercera. La platea mundial observa el espectáculo más maravilloso que sus ojos hallan visto, o verán.
Nadie habla, solo observan, como si buscaran aprovechar el momento. Solo algunos pensaron en la catástrofe que esto traería. Otros, deseaban en secreto que nunca acabara. Y lo haría, ya que es imposible que lloviera al mismo tiempo en todo el mundo. Sin embargo, el espectáculo meteorológico refutaba esa afirmación, como si tirara abajo décadas de ciencia. Pero el manto acuático no era lo único que desafiaba las leyes de la ciencia. El agua desaparecía de forma misteriosa. La tierra la bebía, pero era imposible que absorbiera tanta agua en tan poco tiempo.
Al pasar los días, las personas se acostumbraron al abrazo líquido que los envolvía al salir. Ya no podían usar celulares, leer libros u hojear el periódico. Esa paz que los invadió se volvió poco a poco en rencor. Las personas olvidaron la sequía, la falta de agua potable, el verde que comenzaba a crecer en los desiertos y la supresión del resto de los fenómenos climáticos. No apreciaron qué cambiaba para bien, solo qué tanto había cambiado su vida particular. Como respuesta, la industria comenzó a investigar el fenómeno, y no pudo encontrar una respuesta a él.
Con el tiempo, aceptaron la lluvia como un separador entre un antes y un después. Los nietos de los niños que disfrutaron de la primera lluvia escucharon de ellos miles de historias, muchas de ellas exageradas. Los pobladores del mundo jamás descubrieron los orígenes de la lluvia, por qué no inundaba la tierra, y por qué no se acababa. Las supersticiones dictaban que era una medida de la tierra, un mecanismo de defensa contra la depredación producida por el hombre. Pero claro, nunca se conocieron pruebas de tales afirmaciones.
Dice el dicho que siempre que llovió, paró. Pero la lluvia, esta lluvia, es eterna. Caen gotas y más gotas. No hay castigo, ni truenos o centellas. No hay perdón, o viento congelando los huesos. Solo las millones de gotas cayendo como una cortina de seda. No se sienten ruidos, ni motores, ni disparos. Risas o llantos. Voces o gritos. Solo hay millones de espectadores, boquiabiertos, que no saben cómo reaccionar. No hay asientos en primera fila o asientos de tercera. La platea mundial observa el espectáculo más maravilloso que sus ojos hallan visto, o verán.
Nadie habla, solo observan, como si buscaran aprovechar el momento. Solo algunos pensaron en la catástrofe que esto traería. Otros, deseaban en secreto que nunca acabara. Y lo haría, ya que es imposible que lloviera al mismo tiempo en todo el mundo. Sin embargo, el espectáculo meteorológico refutaba esa afirmación, como si tirara abajo décadas de ciencia. Pero el manto acuático no era lo único que desafiaba las leyes de la ciencia. El agua desaparecía de forma misteriosa. La tierra la bebía, pero era imposible que absorbiera tanta agua en tan poco tiempo.
Al pasar los días, las personas se acostumbraron al abrazo líquido que los envolvía al salir. Ya no podían usar celulares, leer libros u hojear el periódico. Esa paz que los invadió se volvió poco a poco en rencor. Las personas olvidaron la sequía, la falta de agua potable, el verde que comenzaba a crecer en los desiertos y la supresión del resto de los fenómenos climáticos. No apreciaron qué cambiaba para bien, solo qué tanto había cambiado su vida particular. Como respuesta, la industria comenzó a investigar el fenómeno, y no pudo encontrar una respuesta a él.
Con el tiempo, aceptaron la lluvia como un separador entre un antes y un después. Los nietos de los niños que disfrutaron de la primera lluvia escucharon de ellos miles de historias, muchas de ellas exageradas. Los pobladores del mundo jamás descubrieron los orígenes de la lluvia, por qué no inundaba la tierra, y por qué no se acababa. Las supersticiones dictaban que era una medida de la tierra, un mecanismo de defensa contra la depredación producida por el hombre. Pero claro, nunca se conocieron pruebas de tales afirmaciones.
domingo, 3 de junio de 2007
Tiempo cero.
¿Dónde estoy?
En ese caso, más que una pregunta sería una descripción del "donde", porque no había nada alrededor. No había profundidad ni paredes. No estaba sobre nada. ¿Flotaba? No estaba bajo nada, entonces, ¿no había techo? A mis costados no había nada. Todo (más bien la nada) era de color blanco. Yo diría transparente, pero ¿qué color es el transparente? ¿Qué color tiene la nada? Más bien sería negro, ya que el vacío no absorbe colores ni los refleja. Pero ahora no quiero saber de qué color es, sino qué es. El problema es que estoy apoyado en algo. Es blanco, como mi derecha, mi izquierda, mi delantera, atrás mio y sobre mí.
Mis pasos no suena, tampoco mi voz. Ni mis silbidos, ni mis gritos, ni mis patadas. Lo que sí sonó fue una voz, que resonó como un trueno en una tranquila lluvia:
- No intentes hacer ruido, no lo conseguirás. Para cambiar algo en este limbo, antes debes existir.
Leyó mi pensamiento, porque luego dijo:
- Estás equivocado, no ocupas un lugar físico. Para el resto de las personas sos invisible, transparente e inexistente. Sólo las ondas de sonido existen en este limbo, pero como ni siquiera existís, no las podés crear. Estás atrapado entre el ayer y el mañana, entre el antes y el después, en algún lugar del laberíntico presente.Eso sí, sos un vegetal en tu mundo.
El antecedente más cercano de actividad en tu mundo es un accidente con un auto. Ibas cruzando la cebra y un auto te atropelló. Caíste en un coma permanente. No quieren darte la eutanasia porque tienen esperanzas. Mientras que estés en coma, estarás en este lugar.
- Mátame entonces. Encuentra la forma de liberarme de esta prisión mental. Así no podré vivir.
- ¿Así cómo? ¿Cómo vivías antes?
- Libre. Podía hacer cosas.
- Acá podemos hacer cosas.
- Espera, ¿quién sos?
- Soy tu subconsciente.
- ¿Cómo?
- ¿Tan raro te suena? Estás en coma. Ahora, me gustaría hablar de un tema contigo...
- No voy a hablar conmigo mismo. No estoy loco.
- Ah, hablarás. Estás en coma. Si no hablamos, enloquecerás. Así que prepárate.
Facundo Strazzarino
2006
sábado, 2 de junio de 2007
Dos poemas para comenzar
Una palabra
Una palabra hace milagros,
si el que la dice está callado.
Una flecha hace estragos,
si en un corazón se ha ensartado.
Si una flecha de amor es,
los amantes se han encontrado.
Presionados por sus partes,
atrapados por sus lados,
los amanes lucharán,
aunque queden aislados.
Una risa es el disparo,
una palabra lo confirma,
la flecha ha apartado,
de este mundo a los amantes.
La palabra ha callado,
el amante la ha capturado,
con su boca con sangre,
sangre que se ha volcado,
sobre la alfombra persa,
donde los amantes se han amado.
Ella grita sin notar,
al atacante en sus espaldas.
Él lo ha visto, en la sombra
donde reinan las arañas.
La palabra fue pronunciada,
por el amante asesinado.
Él amaba a su preciada,
cuando se consumó el atentado.
Una flecha, dos corazones.
Un alma, dos vidas.
Un sentimiento, dos secretos.
Un problema, ya de los muertos.
Un rencor profundo ha nacido,
entre las familias de los dos hijos.
"¿Quién ha matado a la doncella?"
"¿Quién ha matado al hombrecito?"
La palabra en el aire ha quedado.
La palabra hablada por el mocito.
¿Era "te amo", o sólo "amor"?
No, la palabra era "¡cuidado!"
Solamente un pique,
falta para la victoria.
Tan solo un tanto,
es la distancia a la gloria.
Su compañero se la pide,
pero él no lo escucha.
Es el final del campeonato,
y piensa que es solo su lucha.
Lanza el tiro, el último tiro,
directo al aro de la gloria.
Todo quedará en su memoria,
y saldrá en los libros de historia.
El tanto erra,
no lo puede creer.
Su compañero lo mira,
pero él no lo puede ver.
La vergüenza lo alcanza,
justo en el peor momento.
Cuanto más cerca del cielo,
más fácil es caer al averno.
Diez segundos faltan,
para el fin del campeonato.
Su amigo la salva del aro,
y se la pasa con desgano.
Él reacciona bien,
y hace una cortina.
Su mirada se transforma,
en el tanto de la vida.
Diez segundos después,
saludan a los ganadores.
Lo hacen con una gran sonrisa,
la sonrisa de los vencedores.
Salvaron su amistad,
ya en los descuentos.
Dos hermanos con lealtad,
que casi estaban de duelo.
"Los hermanos sean unidos,
esa es la ley primera.
Si desunidos están,
se los comen los de afuera".
Una palabra hace milagros,
si el que la dice está callado.
Una flecha hace estragos,
si en un corazón se ha ensartado.
Si una flecha de amor es,
los amantes se han encontrado.
Presionados por sus partes,
atrapados por sus lados,
los amanes lucharán,
aunque queden aislados.
Una risa es el disparo,
una palabra lo confirma,
la flecha ha apartado,
de este mundo a los amantes.
La palabra ha callado,
el amante la ha capturado,
con su boca con sangre,
sangre que se ha volcado,
sobre la alfombra persa,
donde los amantes se han amado.
Ella grita sin notar,
al atacante en sus espaldas.
Él lo ha visto, en la sombra
donde reinan las arañas.
La palabra fue pronunciada,
por el amante asesinado.
Él amaba a su preciada,
cuando se consumó el atentado.
Una flecha, dos corazones.
Un alma, dos vidas.
Un sentimiento, dos secretos.
Un problema, ya de los muertos.
Un rencor profundo ha nacido,
entre las familias de los dos hijos.
"¿Quién ha matado a la doncella?"
"¿Quién ha matado al hombrecito?"
La palabra en el aire ha quedado.
La palabra hablada por el mocito.
¿Era "te amo", o sólo "amor"?
No, la palabra era "¡cuidado!"
Facundo Strazzarino
2007
La victoria2007
Solamente un pique,
falta para la victoria.
Tan solo un tanto,
es la distancia a la gloria.
Su compañero se la pide,
pero él no lo escucha.
Es el final del campeonato,
y piensa que es solo su lucha.
Lanza el tiro, el último tiro,
directo al aro de la gloria.
Todo quedará en su memoria,
y saldrá en los libros de historia.
El tanto erra,
no lo puede creer.
Su compañero lo mira,
pero él no lo puede ver.
La vergüenza lo alcanza,
justo en el peor momento.
Cuanto más cerca del cielo,
más fácil es caer al averno.
Diez segundos faltan,
para el fin del campeonato.
Su amigo la salva del aro,
y se la pasa con desgano.
Él reacciona bien,
y hace una cortina.
Su mirada se transforma,
en el tanto de la vida.
Diez segundos después,
saludan a los ganadores.
Lo hacen con una gran sonrisa,
la sonrisa de los vencedores.
Salvaron su amistad,
ya en los descuentos.
Dos hermanos con lealtad,
que casi estaban de duelo.
"Los hermanos sean unidos,
esa es la ley primera.
Si desunidos están,
se los comen los de afuera".
Facundo Strazzarino
2007
Cita extraída de "El Gaucho Martín Fierro", de José Hernández
2007
Cita extraída de "El Gaucho Martín Fierro", de José Hernández
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