Pasen y vean. Esto es lo que he sido, pero no sé si es lo que seré.

viernes, 5 de julio de 2013

Bifurcaciones.

 Lo primero que siento, aún antes de abrir los ojos, es miedo. No recuerdo nada de mí. Eso me asusta. Trato de abrir los ojos, pero tengo algo viscoso sobre ellos. Me limpio con fuerza, y los abro. No hay mucha diferencia, la oscuridad sigue reinando. Poco a poco, me acostumbro al brillo oscuro de la noche. Un pasillo, sin un techo que lo proteja. Que me proteja. Veo a mi alrededor, no hay nada. Solo el pasto que molesta, y las paredes de un pálido blanco, vírgenes de cualquier tipo de marca o daño. Un pasillo, que termina con una bifurcación. Detrás mío, la nada. Un vacío oscuro que me llama, me tienta, me atrapa. Es oscuridad en estado puro, sin matices o humanizaciones. Yo también la deseo, pero sé que es algo malo. Me hará daño. Tal vez me funda con ese caos, y pierda mi propia identidad. La cual, hasta ahora, no recuerdo. ¿Qué importa? Quiero tenerla, no fundirme con la noche.

 Trato de pararme, pero me cuesta. Recuerdo como caminar, pero mi cuerpo no lo hace. Tardo en enseñarle las nociones básicas de "no caerse" y de "avanzar". Poco a poco, paso a paso, voy caminando por el pasillo tapizado de naturaleza. Su aroma es fresco, me invita a recostarme y descansar. Mis piernas duelen, aunque reconozco que cada paso que doy es más dulce. Caigo. Dos, tres veces. Me arrecuesto a la blanca pared. Miro sobre mi hombro a un vacío que me persigue. Su voz silenciosa es cada vez más seductora. Me llama. Me obliga, y eso me motiva a apurar el paso, a ignorar el dolor. Empieza a llover. El agua se vuelve cada vez más molesta. Me empuja hacia atrás, como si fuera cómplice de mi enemiga. El pasto conspira con el agua, y hace que caminar sea casi patinar. Las paredes dejan de ser aliadas, y se vuelven resvalosas. Es cada vez más difícil continuar el camino. Los descansos se vuelven cada vez más duraderos.

 Llego hasta el final del pasillo. Creí que la bifurcación era una puerta de salida. ¿A dónde? No sé, no me importa. Fuera de aquí es mejor que el vacío, que me seduce. Me promete descanso eterno, placer eterno, eternidad eterna. Muchas promesas siempre hacen desconfiar. Tal vez por eso no me desanimé cuando ví que, al llegar a la bifurcación, el pasillo continuaba. Pero habían dos pasillos. A la izquierda, uno sin lluvia. A la derecha, uno sin pasto. Decido ir por el que no tiene lluvia, ya que conocía ese tipo de camino. Me equivoqué. Más adelante, el pasto se volvió arena. Y luego, apareció el viento. Un viento tan fuerte, que dificulta hasta respirar. La arena me hundía si me llegaba a detener, por lo que ya no pude descansar. La oscuridad, fiel compañera, seguía cada uno de mis pasos, consumiendo la arena que ya había pisado. Decía que lo hacía por mi bien. Pero yo conocía sus verdaderas intenciones. Ese vórtice quería que yo sea su bocado.

 La siguiente bifurcación fue una bocanada de aire fresco. Literalmente. El viento se detuvo, el piso se volvió del mismo material que las blancas paredes y las opciones aumentaron a tres. Un camino tapizado por pasto, paredes de musgo y un sol radiante. El otro era agua, poco profunda, de una claridad tal que podía ver el fondo. El tercero era un camino de tierra, de paredes rocosas. En él, la noche era una con el horizonte. Elegí el tercer camino, tal vez porque me recuerda a la oscuridad que me seduce. Un camino árido, sin vida, pero tranquilo. Vuelvo a caminar en la noche, ahora sin dolor, sin problemas. Un aire cálido choca contra mi cuerpo. Mi eterno acompañante me dice que, si me gusta lo que estoy sintiendo, me dé vuelta. Podrá tener todo esto multiplicado. Solo tengo que abrazarlo. Y, como siempre, ignoro su oferta. Disfruto del camino, hasta la siguiente bifurcación. Esta vez, no hay paisajes. No hay nada. Literalmente, nada. Sólo un blanco velo, del mismo color de las paredes que hace tiempo dejé atrás. Es suave, como una nube. La oscuridad, que nunca se rinde, me ofrece su compañía una vez más. Y yo, como respuesta, atravieso el velo.

miércoles, 3 de julio de 2013

Cárcel de papel.

 Luego de terminar de leer una obra maestra, el hombre no pudo hacer otra cosa más que llorar. Era bellísima. El autor lo hizo viajar por lugares que no creía reales. O tal vez ni siquiera lo sean. ¿Qué importa? La obra era increíble. Única. Perfecta. Si el arte se puede definir, la obra cumple con cada requisito. Sus lágrimas manchan la portada, pero ya no le importa. La obra es parte de él. Se funde con ella. Los personajes, tan ambigüos, son ejemplos de vida. Los lugares, que tal vez solo existen en su mente, son hermosos. Aún aquellos que lo perturbaron tienen una belleza propia. La trama es perfecta. Nunca algo dio tantos giros inesperados, como un trompo que empieza a girar, sin previo aviso, en sentido contrario. La conclusión pudo haberse previsto en las primeras páginas, pero luego de ellas la historia hace que no tenga sentido. Hasta que llegas a ella. El final es una maza que aplasta tu cráneo.

 Luego de un libro tan maravilloso, el hombre sale a trabajar. En comparación con los personajes que conoció, las personas que pueblan su día a día son simples. Dramas familiares, excusas sin sentido, frivolidades innecesarias. Esas personas lo aburren. No le gusta tratar con ellas. ¡Simples mortales! ¿Por qué no pueden ser más interesantes? Es como si estuvieran más vivos los hombres ficticios que los reales. Ya no frecuenta los bares, las plazas, los cumpleaños. Ya no ve el sentido de hacerlo. Empieza a encerrarse a sí mismo en una cárcel llamada literatura. No la vive, sólo la consume, la imagina, la usa. Se amiga con los simpáticos personajes de un cuento de Asimov, o se conmueve con los dramas de Otello. Envidia a Sancho Panza, que pudo ver de cerca a un verdadero caballero, e incluso regenteó una Ínsula. Lee, trabaja, lee. Su rutina se rompe cuando va a buscar nuevos libros, nuevas historias, nuevos mundos. 

 Luego de trabajar, el lector encuentra un libro en el suelo. No tiene páginas. Es una cubierta, bastante gruesa, con un par de hojas. Le llama la atención. Se lleva ese extraño libro. Luego de un baño caliente, se apronta para examinarlo, a ver si en sus bailantes páginas puede ver si ya lo leyó, o si es una pista para un nuevo universo. La tapa no tiene el nombre del libro, sólo el dibujo de una silueta. El par de páginas era de la parte central, por lo que tuvo que leerlas para ver si lo conoce. 

Luego de leer la historia de su vida en sólo dos páginas, el lector queda en shock. No entiende. Las páginas tienen su nombre completo. Nombra situaciones de su vida diaria. Relata una de las veces que fue a su proveedor de ficciones, la librería que está cerca de su trabajo. Ve que la segunda página está incompleta. Una palabra partida a la mitad. Luego del último punto, se puede leer "Ahora lo sa-". Puede entender que su vida no se asemeja a las de sus personajes favoritos. Es uno más, un visitante en los miles de mundos que ha conocido. Ve que es más emocionante ser un personaje que leer sobre uno. Tiene que hacer algo al respecto. Cambiar su vida. Ser un personaje. Abandonar la cárcel ficcional donde se refugia del mundo, y ser parte del mundo. Estaba en un error. Ahora lo sa-

martes, 23 de agosto de 2011

Un sueño

Sueño con un mundo donde los sueños se hagan realidad. Como ocurre en la serie de cómics Sandman. Estoy tan convencido, que lo soñé mientras dormía, y ahí se hizo realidad.

Era feliz, deseando cosas inimaginables y viendo como se cumplían. Como un jugador que se cansó de perder y comienza a usar trucos. Como un rey que vuelve a su palacio luego de haber visitado el mercado vestido de pordiosero. Y, como en esas situaciones, la acción pierde sentido. El medio y el fin se desligan,y éste pierde su valor.

Un animal nuevo está en el patio de mi casa. Lo que hace valioso a ese animal es su historia, como llegó hasta ahí, cual es su hábitat. Nada de eso existe. Es solo una bestia aleatoria. Ese mundo me aburre. Me destruye. Y, en ese momento, deseo volver a ese mundo donde mis sueños eran metas y no deseos. Quisiera volver al mundo donde me puedo sentir orgulloso de mi trabajo. Y ahí es cuando despierto. Hasta donde yo se.

lunes, 25 de octubre de 2010

Volver

Aunque lo intente, no puedo dejar de volver.

Este mundo me dio mil cosas que jamás me quitaré de encima, ni buscaría hacerlo.

Pero aún así, me aparto. Como si apartara mi mano de mi cuerpo, y en un tiempo dejara de usarla. Eso me hace a veces dejar de sentirla. Hasta que, de repente, recuerdo que está ahí. Recuerdo lo que hice o no con esa mano, y la uso. Y la dejo en su lugar.

Pero siempre vuelvo a usarla.

Con menos frecuencia, pero la frecuencia no es importante.

Lo importante es estar por siempre ligado a este pedazo de existencia que nunca negaría.

Nunca y siempre, conceptos generalizadores. Nunca lo dejaré, siempre volveré.

Volver…

jueves, 8 de octubre de 2009

El edificio

El influyente hombre de negocios entró con una sonrisa a su despacho. Había cerrado un importante negocio, y se disponía a celebrarlo con un vaso de ron, su bebida favorita. Al entrar, vio a su despacho desordenado. Papeles por todos lados y lámparas rotas conformaban la caótica escena. Cuando repara en la situacíón, ve a su único hijo apuntándole con su arma, con manos temblorosas. El padre, lejos de entender la situación, se acerca a su hijo. Su hijo gatilla el arma.
- ¿Qué haces, hijo? Dame esa arma, te puedes lastimar.
- Padre, ¿Por qué? ¿Valía la pena?
- ¿Que si valia la pena? Lo que esta sucediendo escapa a ,mi entendimiento.
- Padre, lo se todo. Vi los papeles que escondías en tu escritorio. No puedes ocultarlo. Por favor, deja los negocios que realizas. Por favor, demuéstrame lo que me has estado enseñando todos estos años. Por favor, ¡ se coherente!
- Hijo, hay algo que debes de entender. Sin estos negocios, estaríamos en la calle. ¡No te podría enseñar nada de lo que te enseñé!
- ¡Aparta! ¡O disparo! ¿No entiendes que estos negocios destruyen vidas?
- Entiéndelo hijo, sin estos negocios, nuestro periódico estaría en bancarrota.
- ¡Entiéndelo tú! ¿Qué sentido tiene hacer un edificio con cimientos de cadáveres? El hedor atrae a los animales y a las narices curiosas. ¡Esas narices harán derrumbar el edificio! Es horrible levantar un edificio usando cadáveres, y aunque te decidas a hacerlo, ¡tarde o temprano serías descubierto! El hedor, como las mentiras, son muy difíciles de ocultar. Son innecesarias, y cobardes.
- No hijo, porque si tu puedes vivir en ese edificio mientras que siga en pie, habrá valido la pena el haberlo levantado.
- Más allá de eso, debíste preveer algo. Ese edificio dejará en mi, de por vida, el hedor de sus cimientos. ¿No lo entiendes? La única solución es escapar de él. ¡Deja ya tus turbios negocios! ¡Escapemos del edificio! Si no lo haces, te quitaré lo que mas quieres en la faz de la tierra.
- ¿Me matarás? ¿A mi? ¿Que pretendes, pequeño Edipo? ¿Quieres seguir los pasos de Zeus? ¡Tus manos tiemblan! Aunque lograras accionar el gatillo, la bala nunca llegaría al destino que deseas.
- Padre, te lo pediré por última vez. Acaba con los negocios que persigues. O te destruiré.
- Hijo, soy tu padre. ¿Acaso piensas destruírme?
- Entonces, ¿te niegas a renunciar a tales negocios?
- ¡Claro que me niego! Estos negocios no solo nos dan el pan de cada dia, sino te dan los libros para que seas mejor que yo. Además, ahora te dan el odio que necesitas para crecer. ¡Vamos, ódiame! Asi lograrás superarte. Así podrás escapar de este edificio, y con tu formación, podrás quitarte el olor que te agobia. El odio moverá tal cual motor a tu vida. Una vida buscando ser todo lo que yo no fui. Por eso me niego. Si me debo quemar en las llamas del infierno, lo haré. Se que no me podrás quitar lo que mas amo. ¡Nunca me dispararás!
- Te lo advertí, padre. Pese a todo, te quiero...
El disparo sonó en la sala. Solo uno bastó para hacer que el cuerpo cayera al suelo, haciendo un sonido seco. El asesino quedó viendo el cuerpo, con la boca abierta. Nunca creyó que lo haría. Permaneció inmóvil, hasta que su esposa entró al despacho, alarmada por el disparo y el macabro sonido. Su esposa estaba destrozada. Al ver a su hijo en el suelo, con el arma aún humeante en su mano, agarrada con la fuerza de mil demonios, no lo resistió y salió corriendo. Solo en ese momento el padre despertó de su parálisis. Analizó la situación, y pudo emitir una sola conclusión. Su hijo habia cumplido lo que prometió.